martes, 1 de mayo de 2012

Los peinados durante el Bajo Imperio Romano


Durante el Bajo Imperio, al igual que durante otros muchos periodos de la historia, el pelo, era un sinónimo de virilidad y salud, las modas en este periodo fundamentalmente las iniciaban los emperadores con sus retratos representados en las monedas, así como en sus bustos esculpidos repartidos por el vasto Imperio.
    En este periodo se diferenciaban muy claramente, la moda de los hombres y de las mujeres.
    Uno de los peinados más populares era, el cabello ondulado dividido en dos mitades en la frente, descendiendo la melena desde las sienes hasta la nuca, desde donde  ascendía, replegándose, formando una trenza o lacio, dejando las orejas descubiertas, para formar en la parte superior con el pelo, un moño  grande o una diadema.


    Otro peinado, aunque menos representado y por consiguiente, creemos que menos usado por las clases pudientes, ya que no era nada sofisticado, es el que suele aparecer en las monedas de Fausta, esposa de Constantino I. Consiste en el pelo ondulado dividido en dos mitades en la frente (o eso creemos), recogido en la parte posterior de la cabeza formando un moño.


    Una característica del peinado romano era que la frente solía ir despejada, cosa que cambió como veremos a partir mediados del siglo IV D.c., volviéndose los peinados mucho más sofisticados y entramados, dejándose el flequillo suelto por la frente, cosa hasta el momento, no bien visto.
    Para mantener o crear estos peinados las damas nobles, contaban con esclavas especialistas  y usaban mechones de pelo natural exportado desde Germania o extraído de las propias esclavas, pelucas con el tocado completamente confeccionado (muy costosos si eran de pelo natural) y de un sinfín de accesorios para decorar el tocado, como horquillas, cintas, perlas, peinetas, joyas, diademas y hasta hilos de oro.
    Para mantener el pelo en su lugar y que no se deshiciese el tocado por el viento, o simplemente para cubrirse del Sol, usaban rejillas de hilo de seda u oro, o un velo  de seda “Palla” que se colocaba en la parte posterior de la cabeza.
    El pelo lacio o simplemente ondulado y sin recoger, era el modo de indicar que la portadora era una  meretriz,  aunque también si iba vestida de blanco (color del luto femenino), simbolizaba el dolor de un ser muy querido.
    En cuanto al color o tonalidad del pelo, estaba de moda el color rubio, incluso el rubio rojizo, de ahí las pelucas importadas desde Germania de pelo natural, las mujeres menos adineradas, para aclararse el pelo usaban pomadas y jabones cáusticos “spuma cáustica o spuma bátava” importado desde la Galia compuesto de sebo animal y ceniza, aunque había quien usaba azafrán.
    Para rizar el pelo, que estuvo tanto de moda en las pelucas o el propio, se usaban unos rizadores calientes, los “Calamistrum”.


    Durante el Bajo Imperio Romano hubo dos periodos claramente diferenciados en lo que se refiere  a la moda y al aspecto del peinado masculino. El punto de inflexión la marcó Constantino I el grande.
    Continuando con la tendencia del siglo pasado, los gobernantes y la clase alta (son las únicas referencias que llegaron a nuestros días), portaban barba y el pelo lo solían llevar muy corto, incluso llegando a rapárselo, se dice que Galieno se espolvoreaba el pelo con oro.
    Las clases menos pudientes solían portar  el pelo algo mas lago, rizado u ondulado, haciéndose peinados, como haciéndose escalones con los rizos del pelo, ente otros tipos.


En cambio a partir del reinado de Constantino I, se puso de moda afeitarse la barba “radere” , aunque no todo el mundo la siguió, por estética o por economía, durante el siglo IV y V D.c. se pudo de moda el pelo no muy corto, con un flequillo ondulado, que se fue alargando hasta la caída del Imperio.
    En las  provincias sometidas o en las que se afincaban las tribus germanas, el aspecto es muy diferente. Los hombres solían llevar el pelo muy largo, recogido en coletas o trenzas, así con suelto, y portaban una  barba poblada y larga, que fue degenerando en ciertas  tribus hacia un bigote.
    También una tendencia en ciertos monjes a no seguir las modas, los ermitaños, portaban un aspecto similar a los bárbaros, mientras que otros usaban el pelo largo como una mujer (aunque sin recogidos) y se dejaban una barba de chivo, según nos contaba Jerónimo en sus cartas.

Espero que estas líneas sean de gran utilidad
Un saludo
Bass


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2 comentarios:

  1. buen aporte bass,el pego es que es muy corto el articulo,jejejej
    uno de los peinados de los que mas me llaman la atención es el de soaemias,parecido al de fausta por no decir igual.
    un abrazo.
    caligae.

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