sábado, 27 de abril de 2013

La navegación en el Bajo Imperio Romano y su aparición en la moneda.



El Mare Nostrum o como hoy en día lo llamamos, el Mar Mediterráneo estuvo desde que acabase la segunda Guerra Púnica dominado por los romanos aunque en un primer momento Roma no fuera una gran fuerza marítima ni comercial.
La navegación tenía dos periodos bien definidos Mare Apertum que era desde el mes de marzo hasta el mes de noviembre. Era el periodo hábil para realizar los grandes viajes u ofensivas militares. Y el Mare Clausum, entre los meses de noviembre y marzo, no solía transitarse  mar, salvo para viajes muy cortos entre puertos muy cercanos. Los barcos que utilizaban se agrupaban en dos grandes grupos, las naves Lungae que eran los denominados hoy en día barcos de guerra y las naves Onerariae que eran los encargados del transporte, tanto de mercancías como de personas y tropas. Solían llevar una cabina o torreta, como queramos llamarla que asiduamente se ubicaba en la popa, desde esta cabina era desde donde se gobernaba la nave el Gubernator con dos enormes remos colocados a ambos lados de la popa. Se movían por la fuerza del viento o por la tracción de los remos, según tipo y necesidad, como no podían navegar sin lastre, para ello usaban piedra o arena en caso de los navíos bélicos, en cambio muchos de las excursiones comerciales eran de ida y vuelta para no desaprovechar el viaje y poder navegar correctamente, en la proa o rostrum pintaban dos ojos para ahuyentar a los malos espíritus, solían ir coloreadas de tonos vivos como el purpura, azul, amarillo, en cambio algunas naves bélicas se tintaban para asemejarse al color del mar y pasar desapercibidas. Cada nave era nombrada según su procedencia, con un nombre masculino en caso de ser romana y femenino si era de origen griego, para que se reconociese se colocaba una estatua por ser de mal presagio labrar el nombre sobre el casco. 
 
  Maiorina a nombre del emperador Teodosio I, muestra una galera con proa decorada

Las galeras de guerra se movían principalmente por tracción de remos y en función de las filas de remos de remos que llevaban se los denominaba de una u otra manera Birreme con dos filas de remos, Trirreme, los de tres filas de remos y Quirreme los de cinco filas de remos, siendo las medidas más frecuentes de no más de 30 metros de eslora, aunque los Quirremes podían llegar a los 50 metros. La tripulación de un barco de guerra era muy exigua, un 60% eran remeros, y el resto tripulantes de navegación y  soldados para combatir, no se solían realizar combates cuerpo a cuerpo entre las tripulaciones, las batallas navales consistían en envestir con el Rostrum a las naves contrarias. Ya en el Bajo Imperio Romano cayeron en desuso la gran mayoría de naves de guerra, quedando unas pequeñas naves similares a los Birremes, aunque modificado para poder hacer incursiones en los grandes ríos, llamadas Liburnarias y los Trirremes como naves mayores.
Dos grandes batallas, Crisopolis en el año 323 d.c. entre Crispo por el bando de Constantino I y Amando por el bando de Licinio I, quien fue derrotado y posteriormente ejecutado, a la que se le hace un homenaje en la serie conmemorativa de la ciudad de Constantinopla. La otra gran batalla y funesta derrota para el gran Imperio Romano fue la que se realizó en el año 468 d.c. contra las naves de la tribu Vándala que la gobernaba el rey Genserico, donde la flota romana que no fue destruida en su totalidad, aunque sí que perdió toda su hegemonía.
Las naves de transporte tanto en mar como en rio, impulsadas por la fuerza del viento, aunque también hubo naves que se apoyaban en los remos cuando les era necesario o las fluviales que algunas de ellas para surcar contra corriente las aguas usaban una maroma atada a la popa y tirada con tracción animal desde la orilla del rio, portaban hasta tres velas, la “Actus” la principal y de forma cuadrada pudiendo llevar sobre ella otra de forma triangular la “Supparum”, que se afianzaban sobre el mástil central o “Malus”, las velas auxiliares llamadas “Artenom” se colocaban sobre un mástil inclinado en la proa y/o popa.. Para saber el tamaño o capacidad de carga de un barco los romanos tenían dos medidas básicas, el ánfora estándar para los líquidos o las conservas y el modii para el grano u otros menesteres. Solían ser de fondo plano teniendo como tres veces de largo que de ancho y la mitad de puntal que de ancho, siendo las medidas más frecuentes de 19 x 6 x 3 metros  con una capacidad media de 10.000 modii o 3000 ánforas, rara vez los navíos mercantes superaron los 40 metros de eslora, dependiendo de la forma de construcción había tres tipos:
Proa convexa y popa redondeada
Proa y popa simétricas muy poco frecuente
Proa cóncava en forma de espolón y popa redondeada
Como en todo y las naves romanas no iban a ser menos había una gran especialización en los tipos de naves y una amplísima cantidad de nombres para definirlas, enumeraremos unas pocas para su conocimiento:
Algunos de los tipos de navíos usados en el Bajo Imperio Romano era la Corbita, Ponto, hippago, Tesserania, Celox, Actuaria, Celes, Musculus, Ratis, Cydarum, Stlatta, Vegeiia, Prosumia y Morcia entre otras que no enumeraremos para hacer el articulo más ameno, en los puerto había unas naves especialmente diseñadas para ciertos trabajos, intentaremos dar una breve descripción y su posible uso.
Lenumculi, pequeña y robusta de las más comunes y veloces, propulsadas por una gran cantidad de remos y remeros, se usaba para hacer entrar y salir las galeras de los puertos.
Scaphae, con fondo plano, también propulsada a remo, se usaba para trayectos cortos y transferir las personas del puerto al navío o viceversa en caso de no atracar.
Lintres, estrecha y alargada, era la típica barca fluvial, usada para repartir mercancía o personas hacia el interior.
Naves caudicariae, robustas y de fondo plano para navegar por los ríos, portaban un mástil móvil que se podía usar como grúa, solían ir tiradas por bueyes cuando iban contra corriente, usadas para el transporte pesado en los ríos.
Como en todo lo que tenía que ver con la vida de los romanos eran muy supersticiosos con la navegación y no llevaban e buen grado en sus viajes a mujeres, las deidades protectoras de los navegantes eran Castor y Polux en la cultura romana, y en la parte oriental del Mediterráneo, aun siendo romanos pedían protección más a Isis y Serapis, el Dios al que sacrificaban antes  cada partida los mercantes solía ser Mercurio.

Espero que estas líneas sean de gran utilidad, y os invito a que se registren y lo compartan.

Un saludo
Bass


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